Las siglas KYC o Know Your Customer (Conozca a su cliente) hacen referencia a una serie de procesos diseñados para cumplir una serie de normas que aplican al sector bancario y de inversión, con el fin de verificar la identidad de un cliente, crear un perfil del mismo y reconocer de donde proviene el dinero que moviliza dentro de un servicio.
Básicamente, un KYC genera una ficha de usuario en la cual se asientan todos los datos necesarios de ese cliente y se construye su perfil financiero, de modo que las entidades y autoridades pertinentes puedan reconocer al mismo y el nivel de riesgo asociado.
La aplicación de los KYC se ha vuelto poco a poco una norma obligatoria para prestar servicios financieros. Primero, con el fin de mantener la seguridad de los servicios y segundo, para reconocer que los fondos movilizados y las personas en medio de ellos no estén relacionadas con actos ilícitos u otras formas de ilegalidad reconocidas o atribuidas a esa persona.
¿Cómo funciona un KYC?
Para lograr todo esto, el proceso de KYC comprende tres fases:
- En primer lugar, depende de un programa de identificación del cliente (CIP). En este punto se establecen los requisitos para determinar y verificar la identidad de cualquier persona que busque establecer una relación con una institución financiera. Los datos más básicos en este sentido son su nombre completo, número de documento de identidad, fecha de nacimiento, dirección de residencia y fiscal completa. Por supuesto, las legislaciones pueden requerir más datos para cumplir con CIPs distintos, pero internacionalmente, los datos básicos son estos.
- Seguidamente, pasa por la realización de la debida diligencia del cliente (CDD). En este punto, se busca identificar al cliente y verificar su identidad utilizando documentos, datos o información fiable, de fuentes independientes. Además, puede incluirse la identificación del beneficiario final y tomar medidas razonables para verificar su identidad, de forma que la institución financiera esté convencida de que conoce quién es. Para las personas jurídicas y otras estructuras jurídicas, esto debe incluir que las instituciones financieras entiendan la estructura de titularidad y de control del cliente. En este punto, también se puede investigar sobre el origen de los fondos, especialmente si la persona realiza movilizaciones de altas sumas de forma frecuente (por ejemplo: movilizar más de 10.000 € al día a distintas cuentas).
- Finalmente, pasa por la supervisión continua o la debida diligencia mejorada (EDD) de la cuenta de un cliente una vez que se ha establecido. En este último punto, se intenta saber algunos datos vitales sobre los datos de origen de fondos o negocios del cliente. Por ejemplo, si el cliente es un empresario, se intenta saber donde está ubicado su negocio, la naturaleza del mismo y el propósito de sus operaciones. Si, por ejemplo, el cliente es un asalariado, se intenta saber donde trabaja, tiempo trabajando allí y su salario, con la finalidad de tener un perfil más completo.
Estos tres puntos aquí indicados son básicos en el KYC y prácticamente se aplican en todo el mundo. Sin embargo, cada país o región tiene sus propias reglas que pueden endurecer o relajar ciertos factores dentro del KYC.
KYC para criptomonedas en Europa
En el actual escenario de 2026, las políticas de KYC (Know Your Customer) en Europa han alcanzado su madurez bajo el marco del reglamento MiCA, cuya implementación integral ha unificado las reglas de juego en los 27 Estados miembros. Tras superar las fases de transición, las autoridades nacionales operan ahora bajo una supervisión centralizada que otorga pasaporte europeo a los proveedores de servicios de criptoactivos (CASP). Este régimen de licencia única no solo ha desplazado a las normativas locales fragmentadas, sino que ha establecido un estándar de cumplimiento donde la verificación de identidad es un requisito innegociable para cualquier entidad que desee operar legalmente en el mercado común.
La gran novedad consolidada en este periodo es la plena aplicación de la «Regla de Viaje» (Travel Rule) a través del Reglamento de Transferencia de Fondos (TFR). Desde 2024 y con total rigor en 2026, los proveedores de servicios están obligados a recopilar y transmitir información detallada tanto del emisor como del receptor en cada transacción, sin importar el importe. Además, la vigilancia se ha extendido a las interacciones con carteras no custodiadas (self-custody wallets), exigiendo medidas de diligencia reforzada para mitigar riesgos de blanqueo. Así, el marco europeo se erige hoy como uno de los más robustos del mundo, priorizando la trazabilidad total y la integridad del sistema financiero sobre el anonimato que caracterizó los inicios del sector.
¿Por qué necesitamos el KYC?
El principal objetivo del KYC es conseguir información personal de los clientes, comprobar la veracidad de los datos y clasificar a los clientes según su riesgo relativo para el uso de servicios bancarios y financieros. La intención principal de esto es evitar que clientes peligrosos puedan comprometer la seguridad de un conjunto de servicios financieros. Por ejemplo, un cliente con un perfil de estafador dentro de un mercado P2P tiene muchas posibilidades de realizar operaciones de estafa que podrían comprometer la seguridad financiera de los usuarios de una plataforma. Teniendo en cuenta que cripto no ofrece soporte para cashback, esta es una medida que puede ayudar a reducir ese tipo de situaciones.
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